lunes, 4 de octubre de 2021

Desbarajustes artúricos (IV)

¡Sí, chicos, hoy vuelvo con vosotros para seguir con mis movidas artúricas! Como ya sabéis, llevo desde hace tiempo leyendo distintas obras artúricas, partiendo desde la primera mención escrita del rey (¡ja!) Arturo. Habiendo pasado ya por quien asentó la bases de este desaguisado, pasando por el exponente máximo de los romances pre-Vulgata y siguiendo con una de las obras que ayudó a revivir el interés por esta temática, mi siguiente paso era, supuestamente, meterme con la Vulgata… pero ocurrieron dos cosas: la primera, que la Vulgata es jodida de conseguir, pero mucho mucho; la segunda, que entre medias estaba un señor llamado Robert de Boron que la había liado pardísima. Y como tenía cosas que eran anteriores/contemporáneas, decidí ponerme con ellas mientras me llegaban los distintos libros (porque por algún extraño motivo, conseguir la Vulgata de forma digital es imposible; creedme, lo he intentado). Así que hoy voy a intentar hablar de dos cosas: los lais de María de Francia, y un poema occitano llamado Jaufry el Caballero y la Bella Brunissende.

Comencemos con los lais, pues. Un lai (o lay) es un poema narrativo formado por versos octosílabos, que generalmente cuenta algún relato de aventuras o de romance. Este género fue popular en Francia y Alemania durante los siglos XIII y XIV. Lo especial de estos lais es que estaban pensados para ir acompañados por instrumentos musicales, y que la música, a diferencia de otros géneros similares de la época, no tenían ninguna sección que se repitiera a lo largo de la obra. Hay muchos lais famosos, pero de los que vengo a hablar son algunos de los que escribó María de Francia.

Y me preguntaréis, ¿quién es esta tipa? Pues bien, esta mujer está considerada como la creadora de los lais, y como la poeta francesa más antigua, y es contemporánea a Chretién de Troyes. Aunque nació en la Isla de Francia (que hoy en día es conocida como la Región Parisina, por si necesitáis saberlo), donde vivió fue en Bretaña. Se sabe que era una mujer culta, que era capaz de hablar latín y anglo-normando (un dialecto del normando-francés antiguo que se hablaba en Inglaterra y buena parte del resto de Gran Bretaña e Irlanda, y que estuvo en uso entre los siglos XII y XV) entre otros idiomas, y que realizó varias traducciones de escritos de una cierta importancia. Aunque no es la creadora del género en sí, lo que sí hizo fue transformar el género y popularizarlo. De hecho, sus obras eran muy populares entre las damas de la época. Ahora, de los lais que nos han quedado de esta mujer, no todos son artúricos, así que solo comentaré sobre los dos que los son.

El primero de ellos es el Lais de Lanval. Debo mencionar que el nombre del protagonista de este lais sólo aparece aquí. En las notas del traductor menciona que se usa Lanval en otras ocasiones, pero no como nombre de persona, sino como topónimo. El personaje en sí ha aparecido en otras obras, normalmente con el nombre de Launfal (concretamente en el poema Sir Launfal, escrito por Thomas Chestre), y forma parte de la lista de caballeros mencionada por Thomas Mallory, tipo del que algún día hablaré. Aún así, podría considerarse como… ¿un caballero menor? Aparece en algunas obras, pero no es que fuera especialmente popular, por lo que estoy viendo. Se sabe que el lai no es la historia original, sino una traducción de otro poema que, al parecer, se ha perdido en las nieblas del tiempo.

La historia en sí nos habla de Lanval, el hijo de un rey, y que forma parte de la mesnada del rey Arturo (la mesnada es, al parecer, los caballeros que acompañaban personalmente al rey). El pobre chaval es más pobre que las ratas, y encima el rey ni siquiera le premia por los servicios. Pero un día, paseando por el río, se le acercan dos doncellas que vienen a buscarle de parte de su señora, que está enamorada de él. El lai no lo dice abiertamente, pero la tipa es un hada. El caso es que va a verla, se enamora de ella, y tras tirarse todo el día revolcándose, ella le dice que le dará dinero y que acudirá a él siempre que esté a solas. A cambio, debe mantener su relación en secreto. Ya sabemos lo bien que va a ir eso, ¿verdad?

El caso es que el tío vuelve, y cuando llega a su hogar tiene de todo, y durante los siguientes meses el tío se dedica a dar limosna, a hacerle regalos a todo el mundo y en general a ser generoso y buena gente. Eso le lleva a ser invitado por Gawain e Ywain a una fiesta. Viendo la juerga, la reina decide unírseles. Hago aquí un inciso para mencionar que María nunca nombra a Ginebra, solo la menciona como la reina. Volviendo al tema, la reina se acerca a Lanval, que se ha quedado apartado, y le dice que quiere tema. Él replica que no, porque eso es traicionar a su señor, y ella, además de llamarle de todo menos bonito, le acusa de ser homosexual.

Freno de nuevo aquí porque he estado leyendo al respecto. Y ya sabemos que en aquella época lo de ser de la otra acera estaba mal visto, pero es que el tema va un poquito más allá. Al parecer en aquella época (y estamos hablando del siglo XII) corría la creencia de que en Sodoma y Gomorra los inocentes habían sido destruidos junto a los culpables, pasándose por el forro de la chaqueta lo que la propia Biblia decía sobre que Dios no destruiría la ciudad si encontraba un solo inocente, así que básicamente se consideraba que la homosexualidad no era simplemente un pecado, sino que además se transmitía a los demás. De ahí que surgieran leyes castigando incluso con la muerte a los homosexuales: se pensaba que el homosexual ponía en peligro a los que les rodeaban. Esto explica muchas mierdas de lo que se cree hoy en día con respecto a la homosexualidad, ¿verdad? Alguna gente sigue con la mente clavada en la Edad Media, al parecer. Demasiada gente.

De vuelta con lo nuestro, Lanval, en el calor de la discusión, le espeta a la reina que tiene novia y que hasta la más fea de sus doncellas es más guapa que ella. La reina por supuesto se mosquea, y va a llorarle a Arturo, diciéndole que el otro se ha intentado propasar con ella y que, cuando se ha defendido, ha fardado de novia guapa. Arturo se cabrea y manda llamar a este pobre hombre, que acaba de descubrir que su churri ya no le responde y el pobre está en la mierda. Arturo le acusa de lo que ha dicho la reina, y aunque Lanval se defiende con la verdad, el rey decide que le va a montar un juicio. Durante todo este proceso Gawain e Ywain se ponen de parte de Lanval, que debería ser suficiente señal, pero la cosa sigue, y a punto están de echarle del país cuando aparecen primero dos doncellas, luego otras dos, y finalmente la churri de este buen hombre. La señora le echa la peta a Arturo y, después de demostrar la inocencia de su amado, lo deja montar detrás de ella en su caballo y se lo lleva para Ávalon. Sí, está mencionado directamente en el lai.

Al parecer, la intención de María de Francia con esta historia era hacer una crítica social sobre la situación de muchos segundos y terceros hijos de nobles que, habiendo sobrevivido el primer hermano, se veían condenados a la pobreza más absoluta, ya que ellos no recibían herencia alguna, y para conseguir algo de dinero dependían de realizar grandes hazañas o de premios por su servicio. Este era un problema que existía en toda Europa por aquella época, y que perduró durante mucho, mucho tiempo. También señala que, a diferencia de muchas historias artúricas de la época y posteriores, donde las mujeres son un sujeto pasivo, aquí las dos mujeres son las que realizan acciones, y es Lanval el sujeto pasivo.

El segundo lai artúrico es La Madreselva. Y es cortito. Realmente cortito. Tan cortito que en el libro que tengo es más notas al pie que lai, realmente. Se trata de un pequeño fragmento de lo que sería la historia de Tristán e Isolda. Para aquellos que no conozcan la historia de estos dos (que podría pasar), Tristán es el sobrino del rey Marco de Cornualles. En un momento dado va a Irlanda y conoce a Isolda, que es la hija del rey. Marco le manda mensaje a Tristán de que se la traiga para casarse con ella, pero durante el trayecto los dos beben una poción de amor y obviamente se encoñan el uno con el otro, resultando en que le ponen los cuernos al rey. Al cabo de un tiempo, este descubre el percal y decide castigarlos con la muerte, pero Tristán escapa y rescata a Isolda, y se meten en el bosque. Al cabo del tiempo el rey los encuentra allí, pero ve que duermen con una espada entre ellos, por lo que decide que no han hecho ñiquiñiqui, a ella la perdona y a él le cambia la pena por el destierro. Y aquí es donde empezaría el lai.

(¿Oye, y el final de la historia? Pues al parecer depende de la versión, pero como es obvio acaba como el culo. Podéis elegir la versión que prefiráis. De hecho, hay un par de versiones españolas, y al parecer la del Arcipreste de Hita es super original porque está planteada como cartas entre enamorados. Seguro que hay alguna forma de encontrarla, aunque sea en manuscrito escaneado.)

La historia que nos cuenta es un episodio muy pequeño. Después de haberse tirado un año en Gales después de haber sido desterrado, Tristán decide volver a Cornualles. Allí se mete en un bosque, y solo sale por las noches para irse a dormir a algún pueblo y conseguir noticias. Así averigua que el rey Marco va a celebrar la corte en Tintagel, y que ha mandado acudir a todos los nobles, lo que incluye a Isolda. Como sabe el camino por el que va a pasar, va allí y deja una rama de avellano con un mensaje tallado. El lai dice que los dos son como la madreselva que se agarra al avellano, que mientras están unidos los dos están vivos, pero que si los separan los dos se mueren, y que es lo que da nombre al poema. Cuando está pasando por la zona, Isolda ve la rama, le dice a su gente que se paren a descansar, y se mete en el bosque con su doncella, donde se encuentra con Tristán. Ambos se tiran un rato charlando sobre los planes que tienen, y después de eso Tristán se vuelve a Gales donde se queda hasta que le llama su tío. Y el lai se termina aquí.

María menciona al principio que ha leído este lai, pero la escena que narra aparece muy poco en otras versiones de la historia (aunque sí que es mencionada en algunas). Hay versiones anteriores a la de María, en concreto la de Tomás de Bretaña, de la que desgraciadamente solo quedan unos pocos fragmentos, y la de Béroul. Se habla de que María se basó realmente en la versión primitiva de la historia, que se ha perdido para siempre. Y aunque Tristán e Isolda han estado relacionados con la leyenda artúrica desde bastante temprano, es bastante obvio que en sus inicios era un relato aparte que fue ajustado a martillazos a la “materia de Bretaña” de la misma manera que lo había sido Cliges (que recordemos era en origen un cuento bizantino).

Y habíendo acabado con los lais artúricos de María de Francia (tiene otros diez más, pero estos van por su cuenta y riesgo), pasamos a la otra historia que tenía en la lista: Jaufre. O, como se publicó en su momento la versión que leí, Jaufry el caballero y la Bella Brunissende. Al parecer, este poema es el único romance artúrico escrito en occitano, y fue extremadamente popular aquí en España. De hecho, se sabe que hay una traducción de esta historia al tagalog, el idioma de Filipinas. Al igual que con Lanval, el protagonista de la historia, Jaufry/Jaufre, tiene habitualmente otro nombre, que en este caso se trata de Griflet. Este caballero en concreto tiene algo más de importancia que Launfal: en algún punto lo convirtieron en el primo de Bedivere/Bedwir, y en el periodo entre la Vulgata y Le Morte d’Arthur era el que arrojaba Excalibur de vuelta al lago, siendo uno de los pocos supervivientes de la batalla de Camlann. Pero bueno, esto es adelantarse un tanto, así que mejor que volvamos a la historia en sí.

En principio, no se conoce el autor de este poema, que es largo. Pero largo de cojones. Tanto como que tiene 11.160 versos, que se dice pronto. La persona que supuestamente escribió esto (es un anónimo, a fin de cuentas, y el estilo de escritura cambia con respecto al prólogo del traductor) menciona que escuchó este poema en la corte de Pedro III de Aragón, al que le tira tantas flores que casi parece más un jardín que un rey. En cuanto al traductor que me ha permitido leer esto (porque yo de occitano como que no tengo ni pijotera idea) es Alfred Elwes, un escritor y filólogo inglés del siglo XIX que estaba ON FIRE con la cultura del sur de Europa. Tan ON FIRE, de hecho, que empieza a hablarte de El Quijote y se le va por completo la flapa y habla de él como si fuera un libro de caballerías a lo Amadís de Gaula. De hecho encontré un par de referencias en el texto en el que citaba El Quijote en momentos que a) no venían a cuento y b) sacaban la cita tan de contexto que daban ganas de llorar. Pero bueno, más allá de eso…

El poema empieza con el Rey Arturo reuniéndose con sus caballeros. La lista es chocante, porque algunos nombres… bueno, tuve que adivinar a quién pertenecían realmente. Gawain y Lancelot tenían los suyos, pero luego te encontrabas con Ivan (que descifré en algún momento dado que debía ser Ywain), Eric “el franco de corazón” (sospecho que es Erec) y, el mejor de todos: Quex (que en cuanto abrió la boca se descubrió como Kay). Continúa el poema con una aventura inane causada por un tío que puede transformarse en cosas y cuyo nombre no es mencionado, así que por ahora he decidido que es Menw, porque me cae bien y me da pena que desaparezca después de su parte en el poema de Culhwch. Tras este inicio random por completo, pasamos a un banquete en el que de forma súbita aparece un escudero que quiere que el rey Arturo le nombre caballero, cosa que este hace. Ahora no te lo dicen, pero este es por supuesto nuestro protagonista Jaufry/Jaufre/Griflet.

Y están todos tan felices cuando aparece el típico villano de turno, que decide insultar a la reina porque patata. Solo que en lugar abofetearla y llevarse su copa como hacían otros, lo que hace este pedazo de cafre es cargarse a un tío delante de sus narices, antes de soltar que es Taulat, señor de Rugimon (¡este es nuevo! :D) y largarse de allí. Como es de esperar, el único que tiene el valor de ir tras él es Jaufry, que lo hace no sin antes ser dardo de las puyas de nuestro eterno bocazas a.k.a. Kay. Total, que el chaval este sale de aventuras para encontrar al villano y darle soberana paliza. Pero por supuesto esto es un romance medieval y antes de eso nuestro caballero pasa por distintas aventuras. En esto tengo que decir que hay algo de originalidad, porque aparte de pegarse con los típicos caballeros malvados, tiene otro tipo de enemigos, como un terrateniente que se dedica a capturar todo caballero que pasa por un valle, o un gigante leproso que está a las órdenes de otro leproso que es un secuestrador de niños. Y a todo aquel que vence y no se lamina (porque alguno hay), y a todos aquellos que rescata, los envía de vuelta a la corte del rey Arturo para que cuenten lo que ha pasado. Al menos este no va mandando mensajitos pasivo-agresivos como Perceval/Peredur.

Lo que si voy a narrar con un poco más de detalle es el tema de los leprosos, porque tiene una cierta importancia después. El capítulo empieza con Jaufry encontrándose con un escudero que le dice que un tipo ha matado a su señor y ha secuestrado a la mujer de este. Un detalle curioso es que mencionan específicamente que la mujer es normanda (para aquellos que no estén muy puestos en el tema, los normandos invadieron Inglaterra alrededor del siglo XI, así que era un tanto raro que hubiera de eso en la época que se le presupone al rey Arturo). Poco después, se topa con un leproso que lleva un bebé en brazos y que está corriendo como un campeón, perseguido por la que parece ser la madre del niño, que obviamente le pide ayuda a Jaufry. Y como nuestro protagonista es el típico caballero andante, sale detrás del leproso en cuestión, pero ni con caballo consigue alcanzarle antes de que se meta en un castillo. Pero bueno, no es como si nuestro protagonista se fuera a dejar amedrentar por la versión humana leprosa del correcaminos, así que para dentro que va.

Y según está investigando el castillo se encuentra con otro leproso. Solo que este es un gigante. Y al lado tiene a la pobre mujer viuda, sentada en un diván y llorando a moco tendido. Como buen caballero andante, Jaufry se enfrenta al gigante, que le mete una somanta de hoxtias bastante fina, por no hablar de que se carga unas cuantas columnas de la sala (lo cual no puede ser bueno) antes de que por fin Jaufry consiga decapitarlo. Y tan jodido está que se desmaya, y cuando la doncella a la que ha rescatado va a ver cómo está, está tan grogui de las leches que le han dado que se piensa que es el enemigo y huye. Al final, esta buena moza logra convencerle de que ha acabado con su enemigo, y que mejor se largan de allí. Y Jaufry comienza a buscar al niño que ha ido a rescatar, pero es incapaz de encontrarlo, así que piensa en salir del castillo para buscarle fuera, pero se encuentra con que hay algo que le impide salir. Que es una canallada, pero que al mismo tiempo le permite escuchar los llantos de varios niños. Así que para allá que va.

Lo que se encuentra es al leproso del principio, que tiene un cojón de críos allí y está en proceso de cargárselos. De hecho, para cuando llega Jaufry, ya ha sacrificado a siete. Obviamente, el caballero se tira a por el cuello del leproso, que se rinde después de que en la trifulca subsiguiente Jaufry le corte la mano. Nuestro aguerrido caballero no está por la labor de perdonarle la salvajada, pero el leproso le pide clemencia, aduciendo que el otro tipo le estaba obligando a matar a los niños porque, al parecer, pensaba que bañarse en su sangre le iba a curar (momento en el cual empecé a preguntarme si el leproso gigante era Erzsébet Báthory o algo del estilo). Para convencerle, le dice que si le deja vivir le contará cómo salir del castillo. Y bueno, Jaufry decide perdonarle la vida, y el leproso le comenta la forma en la que romper el hechizo que le impide salir, advirtiéndole que cuando lo rompa, el castillo se derrumbará. Porque los load-bearing bosses ya estaban de moda en el medievo, al parecer. Total, que Jaufry hace lo que le dice el tipo este, y el castillo se le cae encima mientras leproso, doncella y niños supervivientes escapan. Al rato, consiguen encontrar a Jaufry, que está hecho mierdas, pero vivo. Cuando recupera la consciencia, los manda a que vayan a la corte de Arturo, mientras él sigue su camino.

Y ahora, más o menos a medio libro, es cuando aparece Brunissende, que es la señora del castillo de Montbrun. La tipa tiene una depresión de caballo, y solo se siente feliz cuando escucha cantar a los pajarillos de su huerto de frutales. ¿Y dónde decide Jaufry que va a dormir después de haber recibido la paliza de su vida? ¡Exacto, al huerto de frutales! Y aquí nos cuentan que la señora manda a gente para ver qué demonios pasa y, posteriormente, para que le traigan al caballero que ha decidido echarse la siesta, y al tío no hacen más que despertarle y él no hace más que pegarse con gente, darles una paliza e intentar volver a su siesta. Al final, alguien le da por usar el cerebro, y cogen entre chorrocientos caballeros y le agarran cuando está dormido. Se lo llevan a Brunissende, que a pesar de que piensa que el mozo está de buen ver, decide que le va a ahorcar. Por espantar a los pájaros. Que habrían vuelto ya de no haber estado enviando constantemente a gente para que le pegara. Pero el caso es que Jaufry se encoña con ella y le dice que vale, que si le ha causado algún mal, que le deja castigarle como vea oportuno, pero que al menos le deje dormir. El caso es que Bruni acepta, le deja dormir con un montón de guardias alrededor para que no se escape, y se va a su cuarto para dar vueltas en su cama porque ella también se ha encoñado con él, y ya sabemos cómo van las cosas en este tipo de historias.

Pero las cosas no pueden ser tan sencillas, ¿verdad? El caso es que el sitio este está encantado y, cuando suenan unas trompetas, todo el mundo se pone a llorar a moco tendido. Y los caballeros se ponen todos a llorar, despiertan a Jaufry, este les pregunta que qué pasa, y los tíos se tiran a por él a pegarle una paliza, hasta que se piensan que está muerto. Como total, el tío la ha diñado (supuestamente) no tienen por qué hacer guardia, así que se quedan dormidos. Pero Jaufry no ha muerto, y llega a la conclusión de que están todos poseídos por demonios y que a él no le pillan en esta, así que se pira. Bruni le ve pirarse y se cabrea como es lógico, y le monta un pollo a todos los caballeros y manda al senescal a buscarle, y que como vuelva sin él lo mata. Pero a todo esto Jaufry ya está a una buena distancia. Y mirad, yo al menos os he dicho que esta gente estaba hechizada, pero en el poema no te lo dicen en absoluto, y no te queda claro hasta que, después de varios episodios de tener que salir de naja antes de que le peguen una paliza, un par de nobles que se han encontrado con él le piden que vuelva, le llevan a la casa de su padre que era a su vez amigo del padre de Jaufry y, después de otra intentona de paliza, le dan indicaciones de lo que debe hacer para averiguar que cojones está pasando. Y digo te queda claro porque en ningún momento de dicen nada de nada. Pero hasta el punto de que en mis notas comento sobre el hecho de que ahora entiendo el porqué del consejo a Percival de que no haga preguntas.

Total, que Jaufry sigue las indicaciones del colega de su padre, y llega hasta un castillo que está rodeado por lo que parece enteramente gentuza. Dentro del castillo encuentra a un caballero herido y a dos damas, una joven y una anciana. Se va a hablar con ellas, y la anciana le dice que el tipo al que Jaufry está buscando, el tal Taulat, va a ese castillo todos los años el día de San Juan, le mete una paliza al caballero que tienen allí y le reabre las heridas, y que esto es lo que causa que toda la gente llore a intervalos y pegue a la gente de gratis. Y al parecer llevan así siente años. Con la meta ya casi en sus manos, Jaufry dice que volverá en ocho días y que solventará el tema.

Por supuesto, cuando un caballero de la corte de Arturo tiene una cita con una fecha específica, se van a juntar los hados para que le pase todo tipo de mierda. Jaufry tiene, en este orden: una bruja que le amenaza y le mete un susto de tres pares de cojones porque la tía es de tamaño XXXL, un caballero negro que se tira a por él cuando está montado a caballo pero que desaparece cuando le desmonta y que es un demonio invocado por la bruja, un ermitaño que es el que expulsa al demonio y que le dice que el gigante leproso de antes era uno de los hijos de la bruja, el segundo hijo de la bruja que ha secuestrado una doncella, y la doncella que resulta que es la hija del amigo de su padre. Así que con todo, como es de esperarse, Jaufry llega con la hora pegada al culo y pilla a Taulat cuando se está preparando para darle la paliza al pobre herido.

El caso es que Jaufry para todo eso, los dos empiezan a ponerse a parir mutuamente mientras intentan que el otro se rinda (porque eso iba a funcionar, of course), y finalmente llegan al punto en el que van a darse de leches. Y aquí Taulat se pone machito y dice que va a pelear sin armadura porque Jaufry es un mierdas. Que obviamente, incluso si Jaufry es un mierdas, no ponerse la armadura es suicida porque hasta el peor combatiente puede tener un golpe de suerte, pero la narrativa quiere que te quede claro que el tipo este tiene un ego del tamaño del continente. Así que el par se lía a tortas y, como era de esperarse, Jaufry le clava de entrada toda la punta de la lanza en el costaillo que la armadura debería haber protegido, así que nos encontramos a Taulat pidiendo clemencia y que le curen. Jaufry acepta que le curen, no sin antes echarle una bronca por creído, y va a liberar al caballero herido, que descubriremos más adelante que se llama Melyan. Lo único que quiere nuestro protagonista de recompensa es que se vayan todos a hablar con Arturo y le cuenten lo que ha pasado allí. Y mientras todos se ponen de camino, él por su parte se va a acompañar a la doncella que ha rescatado antes a casa de su padre.

Nos vamos por un momento a la corte de Arturo, en la que ha aparecido una mujer de la nada pidiendo ayuda para proteger su hogar, cosa que tu dirías que tendría voluntarios a gogó con el tema de que todos quieren irse de aventuras y que se yo, pero no. El único caballero con media neurona que queda en el castillo es Quex/Kai, que por supuesto se comporta como el cantamañanas en el que los romances le han convertido. Y están en esta discusión cuando aparecen Melyan, Taulat y toda la gresca enviada por Jaufry, a contar la historia, y a que juzguen a Taulat por ser un capullo. Y mientras la dama desaparece de la historia, tan porque patata como su aparición, encontramos con que le perdonan a Taulat casi todo porque parece que está de verdad arrepentido (lo que hace un lanzazo al costadillo) y lo único que castigan es la paliza anual a Melyan, que se decide que sea pagada en un precioso ejemplo de ojo por ojo y diente por diente: Taulat recibiría exactamente las mismas palizas que había recibido Melyan.

¿Por qué es importante mencionar esta escena? Bueno, hay dos razones. La primera de ellas es que el senescal de Brunissende estaba allí cuando apareció toda la jarca esta, y presenció todo el espectáculo, así que salió corriendo de naja a avisar a su señora de lo que había pasado (porque, al parecer, técnicamente Brunissende era vasalla de Melyan), y que Jaufry está al caer. Y la tía, que tiene el encoñamiento del siglo, pone aquello para recibir a su chorbo como si fuera la Gran Vía en Navidad, solo que con mejor gusto. Y Jaufry, que ha devuelto a la doncella al padre de esta, ha sido tratado a cuerpo de rey, y es enviado con una escolta de vuelta al castillo de Brunissende donde es recibido como un héroe. Los dos tortolitos deciden que se van a casar, y planean encontrarse con Melyan camino de la corte de Arturo.

Y aquí es donde viene la segunda razón. ¿Os acordáis de la señora random que aparecía en la corte pidiendo ayuda? Pues dicha señora se aparece de pronto ante Jaufry y compañía para pedirle ayuda. Jaufry no está muy por la labor de ayudarla (lo cual es un poco OOC si me preguntáis, pero bueno), y le dice que se busque a otro. Sigue el grupo avanzando, cuando escuchan un grito de alguien que pide auxilio. Van para allá y se encuentran con la doncella que acompañaba a la señora esta, diciendo que se ha caído al lago. Y cuando Jaufry se acerca para mirar qué es lo que pasa, la señora salta del lago, lo agarra, y se lo lleva con ella al agua. Porque la señora esta era un hada, y las hadas en este tipo de relatos no se andan con chiquitas cuando quieren algo, y a esta los caballeros la han estado tocando mucho las narices. Después de que este hombre desaparezca entre las aguas hay por supuesto drama a espuertas, con Brunissende amenazando con que se va a tirar al lago a ahogarse, Melyan a punto de hacer lo mismo, y montando tal pollo que un arzobispo tiene que ir a poner orden y a decir que recen por el alma de Jaufry, porque poco más pueden hacer. Pero por supuesto, Jaufry no está muerto, sino que está en el reino del hada esta, que está siendo amenazado por un gigante. Y nuestro caballero la ayuda aunque está mosca con esto de que le hayan forzado a trabajar. El gigante llega, Jaufry le mete una paliza, todo el mundo es feliz y él sale del lago con un halcón de regalo que a estas alturas de la feria no tiene más importancia que hacer bonito. Así que la tropa continúa su camino.

Así que llegan a Carlisle, que es donde está la corte de Arturo. Como siempre que alguien llega a la corte en estas circunstancias, tenemos la preciosa escena de Quex/Kai siendo un bocazas y recibiendo por ello, y la aparición de Gawain siendo una persona decente, reconociendo al protagonista y abrazándolo porque se alegra de verlo. Y hay una boda y todo debería acabar aquí, pero esto no sería un poema medieval si no tuviera un plot tumor al final, en la forma de un pájaro gigante que secuestra a Arturo y todos los caballeros corriendo detrás, para que luego el pájaro gigante resulte ser el mismo tío que al principio se había convertido en monstruo.

Además de ser un poema increíblemente largo y de que se trata del único relato artúrico escrito en occitano, una de las curiosidades que tiene el poema es su posible datación, gracias al prólogo inicial de la persona que supuestamente había recogido este poema, que menciona al Rey de Aragón. Los expertos han mencionado la posibilidad de que se trate de uno de estos tres: Alfonso II (1162-1196), Pedro II (1196-1213) o Jaime I (1213-1276). Se barajan dos posibilidades: que fuera escrito durante el reinado de Alfonso II (apodado el Trovador) o durante el reinado de Jaime I. Aquí se barajan dos cosas: la mención de que el rey había luchado contra los “infieles” (esto es, los árabes), y una posible influencia de los escritos de Chrétien de Troyes. Algunos incluso apuntan a que el hecho de que Arturo sea visto de una forma ligeramente negativa es una muestra de que Jaufry es posterior a los romances de Chrétien. Aunque sinceramente yo apostaría por una fecha anterior, dado el cambio de dirección que iba a tomar la leyenda artúrica a principios del siglo XIII con la aparición de los poemas de Robert de Boron y el Ciclo de la Vulgata. Pero eso es adelantar acontecimientos, y a la fecha a la que estoy escribiendo, ni siquiera he pasado del primer libro.

En estos artículos he mencionado los escritos que iniciaron la leyenda artúrica, los romances que dieron vida a los personajes más famosos (y a aquellos que han perdido algo de fama aun cuando fueron populares en su época), los manuscritos que no tuvieron gran importancia en su tiempo pero que ayudaron al renacimiento de la leyenda artúrica en el siglo XIX, y ahora aquellos escritos oscuros que fueron ignorados y olvidados para cualquiera que no fuera un friki de la literatura medieval o una persona con una misión (como la loca que escribe estos artículos). Considero que es bueno aprender de los orígenes de este mito, y de ver cómo ha evolucionado a lo largo de los siglos, y cómo se sentaron las bases de lo que vendría después. Pero ahora viene lo duro. Ahora viene la segunda estafa que nos han vendido y que nosotros nos hemos comido con patatas.

Claro que eso tendrá que esperar para los siguientes artículos. Sí, he dicho “siguientes”, en plural. Porque por un lado tendré que hablar de Robert de Boron y la forma en la que nos la metió a todos doblada, y luego nos tendremos que enfrentar a ese monstruo kilométrico que es el Ciclo de la Vulgata, y como intente meter eso en un solo artículo, iba a parecer que los que escribí sobre Chretién de Troyes y el Mabinogion eran cortitos en comparación. No le desearía eso ni a mi peor enemigo, la verdad. Así que, hasta que ese momento llegue, que os sea leve, y nos leeremos el mes que viene, Eilistraee mediante.

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